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Antihistamínicos e histamina, ¿qué tienen que ver?

22 Junio, 2017
histamina alergia

 La histamina juega un papel fundamental en la alergia. Se encuentra de manera natural en algunas células de todos los tejidos corporales denominadas mastocitos y en células de la sangre (basófilos). Se trata de un mediador químico de la inflamación. La alergia sucede cuando las defensas de nuestro organismo reconocen como extrañas sustancias que en condiciones normales no lo son. Las sustancias que producen alergia son conocidas como alérgenos. La reacción alérgica provoca la liberación de histamina desde las células (mastocitos), la acción de la histamina produce los distintos síntomas típicos de la alergia. Los efectos de esta reacción  varían según la zona o grado.

La histamina no participa únicamente en la respuesta alérgica, también regula la producción de ácido gástrico, la motilidad en el intestino. En el Sistema Nervioso Central, regula el control de apetito y el ritmo biológico del sueño.

Antihistamínicos

En muchas ocasiones es imposible “escapar” del alérgeno, como pasa con el polen o el polvo, por lo que hay que tratar los efectos con antihistamínicos. Como bien dice el nombre, son medicamentos que inhiben los receptores de la histamina y por lo tanto su secreción.  Al tomar antihistamínicos podemos notar una notable mejoría de los síntomas de la alergia a corto plazo.

Los antihistamínicos se utilizan para contrarrestar los efectos de la histamina, como pueden ser la rinitis, urticaria, enrojecimientos y picores en la piel o cambios en la mucosa respiratoria (lagrimeo, picor nasal, estornudos).

Como hemos visto antes, una de las funciones de la histamina es mantener despiertas a las personas, por lo que, al inhibir la histamina, los antihistamínicos provocan cambios en el cuerpo, como somnolencia.

Otros tratamientos

Los antihistamínicos pertenecen al grupo de tratamiento sintomático, es decir, este tipo de fármacos alivian los síntomas de la alergia pero no tratan su causa. El otro grupo de tratamiento que tenemos es el tratamiento etiológico, este se compone básicamente de la inmunoterapia, que trata el origen de la alergia pudiendo eliminar sus síntomas de manera definitiva. Así, el paciente va recibiendo vacunas con el alérgeno durante un periodo limitado de tiempo. Con estas dosis el cuerpo se habitúa al alérgeno y no se provoque una reacción alérgica con su correspondiente liberación de histamina.

Además de los antihistamínicos, hay otros tratamientos sintomáticos que alivian los síntomas. Los corticoides son un fármaco con acción antiinflamatoria usados normalmente para la inflamación bronquial. De forma parecida, los broncodilatadores ayudan a que el aire fluya a los pulmones dilatando los bronquios y bronquiolos.

Los descongestivos nasales se recomiendan para tratar la rinitis alérgica durante períodos cortos de tiempo, porque un uso continuado puede provocar un efecto rebote. Por ello, y como en el resto de los casos, lo más recomendable es contar con la guía de un alergólogo que pueda aconsejar basándose en las circunstancias de cada paciente.

Por último, también están los antileucotrienos, que vienen en forma de pastillas y se utilizan para combatir el asma bloqueando la inflamación.

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