¿Qué es un medicamento antialérgico y cuándo tomarlo?

La alergia se ha convertido en una enfermedad habitual. Según las estadísticas, en tan solo un par de décadas, el número de personas que necesitan tratarse con algún tipo de antialérgico ha llegado casi a duplicarse. Unas cifras que se espera que sigan aumentando, pues la alergia se ve favorecida por factores como la contaminación.

Por este motivo, es esencial contar con un tratamiento antialérgico para combatir la alergia y evitar que pueda causar daños importantes en el organismo. Aun así, es muy importante que este tratamiento esté prescrito por tu especialista, así que antes de tomar cualquier medicamento consúltelo con éste.

¿Qué es un antialérgico?

Los antialérgicos son fármacos que provocan que el organismo no genere una respuesta a los alérgenos, inhibiendo los síntomas más comunes de la alergia, como pueden ser la broncoconstricción o la urticaria. Los antihistamínicos son los más habituales, pues inhiben al organismo frente a la histamina, sustancia que libera el organismo como respuesta a los alérgenos.

La inmunoterapia es la única solución que puede llegar a mejorar de forma permanente. También se conoce como vacuna para la alergia. Es un método por el cual se suministra el extracto de la sustancia alérgena de forma progresiva para provocar la tolerancia a la misma.

Además, se puede optar también por un medicamento antialérgico broncodilatador, para aquellos casos en los que es necesario relajar los bronquios contraídos por la alergia. También, en caso de inflamación por motivos alérgicos, se puede recurrir a los corticoides.

Por otro lado están los antileucotrienos, que se administran en forma de pastillas y sirven para combatir el asma, leve y moderada. Los descongestivos nasales, por su parte, sirven para tratar la rinitis alérgica y casos de obstrucción nasal.

¿Cuándo se debe tomar un antialérgico?

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La toma de un medicamento antialérgico depende de la gravedad de los síntomas y, sobre todo, de la prescripción médica. Los antihistamínicos pueden ser administrados por vía oral o por vía tópica. Son tratamientos sintomáticos,esto quiere decir que alivian los síntomas de la alergia cuando aparecen.

La inmunoterapia puede acabar con la alergia y sus molestias incómodas como en el caso de la broncoconstricción.

En el caso de los broncodilatadores existen dos tipos fundamentales: los de acción corta y los de acción larga. Los primeros deben ser usados en situaciones de emergencia, en las que la relajación de los bronquios para que llegue el aire debe ser inmediata. Por el contrario, los de acción larga se administran de forma diaria en pacientes que sufren de asma moderada.

Otra solución para el asma son los antileucotrienos, que presentan algunos efectos secundarios como dolor de cabeza, abdominal, diarrea y náuseas.

Los descongestivos nasales no se deben tomar durante períodos largos de tiempo, porque se puede producir un efecto rebote.

Finalmente, los corticoides son habitualmente prescritos ante los síntomas de una determinada reacción alérgica. Sin embargo, pueden tomarse de forma regular para paliar algunas alergias e inflamaciones crónicas.

Pero, sin lugar a dudas, lo más importante es tomar estos medicamentos bajo la supervisión de un alergólogo, que pueda recomendar un tratamiento que se adapte a cada persona y a los niveles de alérgenos.

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